Sociología

Matriarcado

Por oposición al término patriarcado, el matriarcado es antes que nada un sistema de parentesco, una concepción de la familia. Es un término habitual en el área de la antropología, que permite designar un sistema político en el cual la mujer posee un rol dominante con respecto al hombre.

¿Qué es el matriarcado?

El matriarcado (derecho maternal u orden social maternal) es un modelo de sociedad basado en la filiación de la madre y en el cual la autoridad parental lega es exclusivamente maternal. Así, el padre biológico no tiene derechos sobre el niño. Es la madre y no el padre quien tiene el poder real sobre el niño, la casa, la tierra y las riquezas.

Fue en el año 1861, gracias a la obra El matriarcado, escrita por el filósofo suizo Johann Jakob Bachofen, que cambia la concepción sobre el patriarcado como organización política familiar intrínseca a la humanidad. Es así como posteriormente, se realizan estudios etnográficos sobre los diferentes pueblos que se rigen bajo este sistema político.

Historia del matriarcado

Aunque no hay una evidencia sólida que indique que la sociedad matriarcal haya existido, algunos estudios apuntan a que existieron en la historia de la humanidad cultos matriarcales. Por ejemplo, hallazgos arqueológicos dejaron en evidencia que el asentamiento primitivo Catal Hüyük tenía una sociedad regida por cultos matriarcales.

Características del matriarcado

Matriarcado en la Biblia

Según las leyendas judías, Sara, esposa de Abraham, era superior a él. En efecto, al parecer, Abraham debía su posición de jefe de tribu a su esposa Sara ya que era una princesa que le había conferido su estatus a Abraham al casarse con él. Curiosamente, los judíos no obtuvieron su nombre como Israelitas de Abraham sino del hijo de Sara, llamado Isaac o Israel.

Asimismo, la Reina de Saba, un personaje que prefiere el amor libre en lugar del matrimonio, figura en el Antiguo testamento. El reino de Saba, dirigido por esta gran reina, habría existido entre Yemen y Etiopía en el siglo VIII A.C.

Se dice que esta Reina era tan hermosa que Salomón le propone matrimonio, lo cual ella rechaza. Sin embargo, ellos sostienen una relación de la cual nace Ménélik, fundador de la dinastía etíope de los Salomónicos.

Ejemplos de sociedades matriarcales en el mundo

Un ejemplo de comunidad matriarcal lo constituye la aldea Umoja conformada por un grupo de mujeres en Kenia. Rebecca Lolosoli es quien lidera esta aldea. Los hombres tienen la entrada prohibida en esta aldea. Las mujeres que allí habitan buscan su independencia luego de haber sido violadas, repudiadas y golpeadas por sus maridos. Ellas se encargan solas de criar a sus hijos de ambos sexos.

Por otra parte, los Mosuo, un pueblo al suroeste de China y próximo a la frontera tibetana, vive desde hace dos milenios siguiendo una organización matriarcal en la cual las nociones de matrimonio y de paternidad son prácticamente desconocidas. En esta sociedad, la sexualidad es libre y sin relaciones de dominación entre hombres y mujeres.

Asimismo, la sociedad Wayuu ubicada en la Península de la Goajira entre Colombia y Venezuela, también está organizada en clanes matrilineales (Eiruküü), en autoridades tradicionales (Alaülayuu) y en autoridades morales (Pütchipu’üi). Estas últimas están a cargo del tío materno. Las personas unidas por un vínculo de consanguinidad maternal comparten una condición social y un pasado común. Es de hacer notar que el sistema de organización wayuu fue considerado por la UNESCO como un patrimonio cultural de la humanidad.

Otro ejemplo de matriarcado en América latina es la ciudad Juchitán en México, llamada también la “ciudad de las mujeres”. En esta ciudad artesanal, los hombres se encargaban en un principio de traer la materia prima que las mujeres trabajaban para vender luego sus artesanías en el mercado. Es así como las mujeres terminaron por tener la responsabilidad de las financias familiares. Actualmente, estos roles están mejor repartidos pero ellas continúan teniendo el control de la vida económica de la ciudad.

Escrito por Valentina Sancler
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