Relativismo cultural

En principio, la verdad no es objetiva por lo que no es posible aplicar una norma objetiva a todas las culturas. El bien y el mal no son determinados por las personas o por la sociedad. Nadie puede decir si otro tiene razón o si se equivoca. Todo radica en una opinión personal y ninguna persona tiene derecho a juzgar a otra. Precisamente, el relativismo cultural no ve nada intrínsecamente malo o bueno en ninguna forma cultural. Los relativistas culturales creen que todas las culturas son iguales en valor y en dignidad. Asimismo, estos consideran que todas las culturas son expresiones igualmente legitimas de la existencia humana.

En qué consiste el relativismo cultural

El relativismo cultural se refiere a la idea de que los valores, el conocimiento y el comportamiento de las personas deben ser entendidos dentro de su propio contexto cultural.

Este concepto fundamental en el área de la sociología, fue establecido por el antropólogo germano-americano Franz Boas, al inicio del siglo XX.

El relativismo cultural se convirtió en una herramienta de valor en esta época, para combatir el etnocentrismo que existía en las investigaciones de la época y que eran llevadas a cabo sobre todo por blancos de clase alta. En dichas investigaciones, se abordaban temas relacionados con las personas de raza negra o de origen indígena o personas de una clase social inferior a los investigadores.

Características del relativismo cultural

Entre las características del relativismo cultural, se pueden mencionar:

  • El empleo de informaciones recabadas por investigaciones de los sistemas de valores y creencias subyacentes de las sociedades para sustentar en base a hechos, las diferentes perspectivas culturales y su estado de moralidad.
  • La percepción de la cultura como entidad flexible, plural y en constante evolución a lo largo de diferentes generaciones.

Historia

La tesis del relativismo cultural, no fue muy defendida antes del siglo XIX, puede encontrarse en las ideas de Heródoto, quien describió las tradiciones y las costumbres de los pueblos que visitó sin hacer un juicio externo. Asimismo, Platón, en su obra Teeteto, describió a Protágoras de forma polémica y presentó al hombre como “la medida de todas las cosas”. Protágoras considera que cada individuo cree lo que es real para él. En ese sentido, puede ser considerado como un precursor filosófico del relativismo cultural, para quien cada individuo percibe como real lo que su cultura percibe como real.

El relativismo cultural y por consiguiente, el relativismo moral, se desarrolló en Occidente a raíz del encuentro con otras civilizaciones. Los europeos como grupo dominante tuvieron la pretensión de tener valores morales superiores a los de las nuevas culturas que encontraban.

Sin embargo, el desarrollo de la antropología redujo de forma progresiva esta percepción, sobre todo a finales del siglo XIX gracias a estudios en los cuales los investigadores dejaron de lado sus propios valores culturales con el fin de sumergirse en otras culturas y ser capaces de comprender su naturaleza. Así, el mundo occidental descubrió perspectivas distintas a las tradicionales, algo que Montesquieu trató de ilustrar a través de su obra Cartas persas y Voltaire a través de sus cuentos.

Representantes

Franz Boas consideraba que todas las formas culturales poseen el mismo valor y que las diferencias que existen entre las diferentes sociedades residen en sus características históricas, sociales o geográficas. Para Boas, no era cierto que las sociedades pasaran por grados de evolución tal como lo planteaba el evolucionismo.

Críticas

  • A pesar de que el relativismo cultural favorece la comprensión de otras culturas, esto no implica que debamos valorar de forma positiva o justificar todas sus actitudes. De ser así, deberíamos aceptar comportamientos como la esclavitud, el racismo, el sexismo o el canibalismo.
  • Desde la corriente del relativismo cultural, no se permite argumentar sobre lo que es bueno o lo que es malo, lo correcto o lo incorrecto, incluso cuando desde la propia perceptiva cultural, sea evidente lo malo de la otra cultura. Por ejemplo, desde la postura del relativismo cultural, las políticas afganas acerca de no educar a las mujeres, no podrían ser condenadas.
  • Se tendría que respetar las creencias y propósitos de otras culturas, aun cuando estos atenten visiblemente contra los derechos humanos. En ese caso, el sentido de la ética se vería amenazado ante la ausencia parámetros morales universales que permitan valorar el comportamiento de las personas.

Importancia del relativismo cultural

Desde una posición de relativismo cultural, podemos reconocer nuestras formas culturales, sean como sean, bellas, feas, virtuosas o abominables. Esto es lo que determina lo que consideramos bueno y malo. Esto varía no solo en términos de culturas nacionales sino además, en términos de subculturas organizadas por clase, raza, género, región, religión, entre otras.

Ejemplos

  • El relativismo cultural deja en evidencia por ejemplo como la primera comida del día, el desayuno, puede variar de un sitio a otro, de una cultura a otra. Lo que es considerado un desayuno típico en Venezuela (arepas, empanadas, cachapas de harina de maíz) es diferente de lo que se considera típico a la hora de desayunar en Argentina (facturas, pan). Asimismo, en algunas partes de Estados Unidos comen sopa de pescado en el desayuno, lo cual puede resultar extraño para otros.
  • La desnudez constituye otro ejemplo que puede ilustrar el relativismo cultural. En muchos países del mundo, estar desnudo en lugares públicos puede ser interpretado como una actitud sexual. Pero en ciertas culturas, estar desnudo en público es parte de la vida cotidiana como es el caso en diferentes culturas indígenas del mundo.
  • En algunas culturas, la poligamia es una práctica social y religiosa aceptada mientras que en otras, es moralmente incorrecto, tener una relación marital u amorosa con más de una persona.
  • Se deben respetar las creencias religiosas distintas a las nuestra. Estas deben ser respetadas incluso cuando no creemos en Dios o no profesamos ninguna religión.